Queridos amigos del Hogar de Cristo de Australia:
Desde una casa que los jesuitas tenemos en la playa, y donde venía el P. Hurtado a descansar hace 60 años, les escribo este saludo. La pieza que está al lado de la mía era la suya: un catre de fierro negro con un “ihs” forjado en fierro en la cabecera, una palmatoria sobre un velador de madera algo desvencijado, un crucifijo en la pared y una entablado por muro,… todo esto queda de aquellos años. Probablemente aquí avanzó su “Humanismo Social” y caminando por estas dunas mentó su libro ”¿Es Chile un país católico?”, con las retinas pobladas de lo que él mismo había visto en la ciudad y los campos, en los conventillos hacinados, en las estaciones de trenes atestadas de inmigrantes, en los barrios comerciales bullentes de “pelusas” macheteando una moneda para llevar a su familia, viviendo en algún ruco bajo el puente.
Es sobrecogedor cómo los milagro, tienen un comienzo tan concreto también…el amor apasionado que Jesucristo tenía por cada ser que respira puede hacer de las suyas en cualquier rincón. Creyentes y no creyentes somos atraídos por este milagro como por un imán. El Hogar de Cristo es un milagro que convoca. La fe de Alberto, su mirada penetrante para saber que no hay otra manera de encontrar a Cristo sino en la vida real de otro ser humano, su desvelo por la justicia que pone “en orden la casa”, se siguen contagiando hoy dentro y fuera de las fronteras del Hogar. Hay Hogar de Cristo en cada lugar del mundo donde un marginado es reconocido como Señor y es defendido con determinación y valentía. En cada rincón donde no nos conformamos con la crueldad institucionalizada. Hay Hogar de Cristo en tu lugar de trabajo, en el mall, en el departamento de policía y en la fila del consultorio. Lo hay por miles en las ciudades hormigueantes de excluidos, con tal que no andemos distraídos como zombies. Porque el Hogar de Cristo está tratando de nacer en ti y en mí.
Ha sido un año intenso, muy duro en muchos sentidos, especialmente por el dolor de los programas que tuvimos que cerrar o traspasar. También ha sido un año preñado de frutos, un año de cosecha. No se imaginan lo hermoso que ha sido en estos días de balance el recibir la Matriz de Exclusión, fruto de varios años de trabajo, que nos permite saber quiénes son, dónde, cómo y porqué se sufre exclusión en Chile, en cada una de nuestras regiones. Tener esos datos prolijos ante los ojos para tomar las decisiones de dónde estar; hacerlo mirando al Cristo concreto de hoy, mirándolo de frente para vencer la tentación de cerrar los ojos o de ir a otros lugares más fáciles. Ese es nuestro modo de proceder, el que San Alberto aprendió de Jesucristo y que nos sigue inspirando hoy en día. Aquí esto significa un jardín Infantil para hijos de trabajadoras o un comedor fraterno para gente que vive en la calle, ahí una residencia para adultos mayores abandonados por sus familias, más allá un taller de empleabilidad para personas con discapacidad mental… la creatividad de la justicia es enorme.
Es por eso amigos que me siento tan en comunión con ustedes, incluso a un océano de distancia. Australia, ese enorme continente que los ha acogido, es pequeño respecto a este amor por la justicia que ha sido puesto en sus corazones, cualquier lugar es chico respecto del llamado que han recibido. Uds. mismos crean Hogar de Cristo cada día, no sólo ayudándonos a reunir los esquivos recursos económicos que hoy tanto nos faltan. También lo crean desarrollando esa inteligencia de la inclusión que es el alma del Hogar, despertándola en ustedes como un gesto de amor y rebeldía, como un fruto de sus propios sufrimientos, porque “el que no ha sufrido no sabe nada” decía Alberto. Con esa inteligencia en la mente, en la piel y en las tripas, uds sabrán también dónde, cómo y porqué sufren abandono los Cristos de allá mismo donde viven…partirán quizás por su lugar de trabajo y por su vecindario…¿son los cesantes, los viejos o los “discapacitados mentales”? ¿Son los estigmatizados por su pasado en una cárcel o por su condición sexual? ¿Cómo apoyarlos en reparar el corazón herido: cómo ayudarlos a volver a casa, a tener su lugar de respeto y afecto en la ciudad? ¿Cómo ayudarlos a tener esa experiencia de ser rescatado que nos hace creer que somos hijos y hermanos muy queridos?
Aunque no he tenido el regalo de conocer Australia, mucho me han contado de cuánto tenemos que aprender de esa cultura. Mientras llega el día de poder conocerlos a todos reciban este abrazo de un “aprendiz de capellán” que sabe que tiene amigos del Hogar al otro lado del Pacífico
En diez minutos mas los encomendaré en la misa comunitaria, en una pequeña capilla que mira al mar, que mira hacia ustedes, en la costa cercana a Santo Domingo. Encomiéndennos también ustedes allá en esa misa en Berrima este 29, pidiéndoles al Señor, por intercesión del Padre Hurtado, que seamos cada día más fieles a este amor que no cabe en el pecho.
Con cariño
Pablo Walker SJ
Las Brisas, 26 de Enero de 2012